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| 01-12-2003 |
| Doscientos años de silencio |
| La Bienal de Sevilla se retrasa para no coincidir con la "Carmen" de Saura, pero ése no es el problema: lo malo es que nadie protesta. |
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La Bienal de Sevilla retrasa su inauguración para no coincidir con la “Carmen” de Saura. La noticia deja a todo el mundo indiferente. No hay reacción. Y entonces entiendo que el flamenco tiene lo que se merece. Sabes de sobra que es así, aficionado. Porque permites que a un festival, dicen que el más importante del mundo, que va a cumplir 25 años lo desplacen de su sitio para que no tropiece con uno que nace ahora. Eso es como si a ti, en tu trabajo, donde llevas tres décadas haciéndolo bien, te quitan tu mesa para dársela a un chavalito que acaba de llegar a la empresa con el único aval de un buen currículum, que luego habrá que ver si es tan bueno o no sobre las tablas. Y más triste aún es que tú agaches la cabeza y aceptes sin protestar. Pero el flamenco es un arte para resignados. Lo veo claro. Y tú también. Así que no te quejes más. Esto pasa porque tú lo admites. La Bienal es en Sevilla, sí, pero también es en Andalucía. Ahí es donde os equivocáis todos. Una guerra entre provincias por algo que es de todas las provincias es un delirio. Porque mientras vosotros lucháis por algo que ya tenéis, otros aprovechan vuestra espalda para implantarse en el terreno. Probablemente la “Carmen” de Saura, que se va a representar en las calles de la capital, será preciosa. Pero debes apostar el cuello a que no lo será más que el arte que amas. Grita. Es cierto que nadie te escuchará, porque todos pensarán que tus protestas vehementes están provocadas por tu profunda afición, esa afición que casi es motivo de risa para quienes han leído cuatro libros y se consideran expertos en literatura. Esos ignorantes que anteponen cualquier arte al suyo propio porque se avergüenzan de lo que son, harán lo posible por pisarte la cerviz. Impídelo. Ya está bien. Ya es hora de que dejes de caer en sus propios errores y te sientas orgulloso de amar el cante, el baile y el toque, de considerarlos una expresión cultural trascendental y enriquecedora para los andaluces. Y si te dicen loco, que te lo digan. Pero que no te digan tonto. Dice un refrán que cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo. Ellos, los que creen que la Bienal de Flamenco es un acontecimiento para cuatro catetos de pueblo y exclusivamente sevillano, no paran de mirar el dedo. Pero no los llames necios. Enséñales a mirar la luna. No hay otro camino. Está demostrado. La historia te deja muchas huellas que corroboran que el flamenco es el último mono en el zoológico de los políticos. Esto lo hacen con el festival más importante de cuantos existen. ¿Qué no harán con esos certámenes locales que cuesta la sangre sacar adelante todos los años? Estos representantes electos no saben distinguir una soleá de una guajira, pero te da igual. Imagínate a un canciller alemán que no conoce la música de Wagner. Y lo peor es que tampoco tienen ni idea de los recursos que genera el flamenco en el mundo, de los teatros que llenan Paco de Lucía, Vicente Amigo, Joaquín Cortés, Sara Baras, la Yerbabuena y José Mercé, de la cantidad de extranjeros que cada dos años vienen a Andalucía a dejarse sus ahorros porque aquí tienen la oportunidad de ver todo el flamenco que existe en el breve plazo de un mes. Y entonces, como no lo saben, deciden montar una Bienal de Arte Contemporáneo el mismo año y el mismo mes que la de flamenco, como si no pudieran celebrarse ambas en años diferentes. Y a eso le suman una “Carmen” de Saura que, dicen, atraerá mucho turismo. ¿Para qué? ¿Acaso no se han enterado de que durante la Bienal los hoteles están a tope? Ah, sí, pero de aficionados al flamenco, que son algo así como los sin papeles de la música. Y tú, mientras tanto, eso, cállate. Seguro que ése es el mejor camino para la humillación. De todas formas, ya llevas así doscientos años. |
Por Bárbara Montes
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