 |
 |
 |
 |
 |
|
 |
| 23-12-2003 |
| Predicar con el ejemplo |
| La última, tiene nombre de mujer, era trianera y se llamaba Carmen y atiende a uno de los mitos más versionado y representado de la historia de Sevilla. Jamás una lagorrilla alcanzó cumbres más altas. |
|
Los gobiernos deberían contar con una Cartera de ineptos para que la ocupe algún ministro incompetente en su cargo (las autonomías y los ayuntamientos, tendrían que tener algo parecido). Ya en una ocasión, el Partido Popular nos endosó a una ministra de cultura que creía que Ortega y Gasset era como Álvarez y Quintero: un dúo. Semejante muestra de necedad fue tan criticada por políticos de la oposición, que para no ser menos cada día nos regalan un dislate de parecido calibre (el más necio es aquél que siéndolo pretende no aparentarlo, escribió Melquíades). Con tanta crítica, creíamos que la cultura estaría mejor atendida por gestores de izquierda; y en determinados casos, lo está. Pero al parecer hemos topado con la horma del zapato. Porque sabido es que la cultura no está siendo gestionada por gestores comprometidos o cualificados.
En lo que respecta al flamenco, un ejemplo categórico lo está protagonizando el ayuntamiento de Sevilla. A juzgar por el comportamiento que está teniendo con la Bienal, parece que ésta significa muy poco para sus responsables (falta compromiso). El delegado de Cultura del ayuntamiento hispalense, Antonio Rodríguez Galindo (PSOE), cuando lo nombraron para el cargo, una de las primeras gestiones que rubricó establecía la oficina de su delegación en la sede que la muestra tenía en la calle Matienzo, y desplazaba a ésta a ocupar dos cuartos en el Pabellón Real de la Plaza de América. En su momento, dijo que era un destino transitorio; pero a la fecha de hoy, la sede del evento flamenco más importante del mundo, continúa habitando en un tabuco repleto de cajas apiladas. Ahora, el ayuntamiento, parchea el destrozo concediéndole ocupar dos nuevas salas en el mismo edificio (las mismas que anteriormente ocupaba la fundación Nodo, al parecer muy pequeñas), pero esto no soluciona el problema. Aquello es bochornoso; más que una oficina parece el almacén de una agencia de paquetería. A tal extremo llega la falta de espacio, que incluso el consejo asesor ha de reunirse en lugares alternativos, la última vez, en la Real Venta de Antequera. “Paciencia”, nos piden desde la organización. Pero uno, basándose en desengaños, se vuelve incrédulo con estos gestores.
La última, tiene nombre de mujer, era trianera y se llamaba Carmen y atiende a uno de los mitos más versionado y representado de la historia de Sevilla. Jamás una lagorrilla alcanzó cumbres más altas. El próximo año, tocará la versión de Carlos Saura. Imagino que será de suprema relevancia para la ciudad. Tanto como lo es el flamenco, porque de no ser así alguien tendrá que darnos a los aficionados una explicación oficial muy convincente de por qué los responsables de Cultura anteponen la representación de esta obra a la inauguración de la Bienal de Flamenco en su veinticinco aniversario. Esto es otro desplazamiento del ayuntamiento sevillano amparándose, esta vez, en cábalas turísticas. El consistorio, en boca del delegado de economía Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, hace una estimación que fija en “más de 80.000” las visitas que tendrá Sevilla durante la representación de antedicha obra (Diario ABC, 14/12/03). Pero se olvida del estudio económico y turístico que, en la pasada Bienal, realizó la Consejería de Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía, que demuestra la rentabilidad económica que a través del turismo el flamenco proporciona a Sevilla. Se olvida, así mismo, del número de extranjeros que viven en esta ciudad durante todo el año con el único reclamo del flamenco como atractivo personal. Se olvida de los ingresos que estos estudiantes procedentes de todo el mundo dejan en las academias sevillanas y en la economía de la ciudad en concepto de alojamiento, alquiler de pisos, gastos cotidianos, etc. También se olvida, o desconoce, lo que Sevilla a través del flamenco exporta en volumen de negocio a otros países. El ayuntamiento, se olvida, al parecer, de todo esto seguramente porque quiere ser él el que ponga las cifras. Y esto, es lo que ha hecho la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Carmen Calvo (PSOE), cuando hace unas semanas anunció en un suntuoso acto, que su departamento invertirá de aquí al 2011 a través del programa “Flamenco Porvenir”, más de 47 millones de euros en el flamenco. Lo hizo, dicho sea de paso, días antes de anunciar que para las próximas elecciones ella no estará en Cultura, porque Zapatero le ha pedido que encabece la lista por Córdoba. Lo hace, según el diputado del Partido Popular en Andalucía, José Guillermo García Trenado, “sin enviarlo al Parlamento, y sin ponerlo en conocimiento de los otros grupos políticos”. Pero sobre todo lo hace, según ella, dado la importancia que este arte tiene para nuestra comunidad. No deja de ser llamativo todo lo que está ocurriendo. No deja de sorprender que se pretenda crear un museo para el flamenco en Jerez mientras la Bienal de Sevilla esté ubicada en una sede tan lamentable. En toda esta cuestión existe una considerable y esperpéntica incoherencia. No estaría mal, considerando que hace algo más de un mes la consejera pidió a los políticos seriedad para que “el flamenco no esté en campaña electoral, ya que éste nos sobrepasa a todos en importancia artística y cultural”, que entre todos predicaran con el ejemplo.
|
Por Antonio Ortega
|
|  |
 |
 |
 |
|
|