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| 23-03-2005 |
| Gritar al viento su verdad |
JUAN VERGILLOS
Cante: El Cabrero. Guitarra: Manuel de Palma. Lugar: Bodega los Apóstoles, Jerez de la Frontera. Fecha: Madrugada del sábado 5 al domingo 6 de marzo. Aforo: Lleno.
El Cabrero es un fenómeno más que musical. Se trata de uno de esos casos en que el carisma, la oportunidad histórica y la personalidad fuerte supera cualquier tipo de consideraciones técnicas o estilísticas que podamos hacer. |
El Cabrero irrumpe como personalidad libérrima y marginal y gracias a la misma consigue construirse un personaje que se cuenta desde hace décadas entre los más populares del espectro cantaor. Una popularidad que va más allá del hecho de que sus interpretaciones no se ajusten a los cánones melódicos clásicos y que siempre sorprende a un público que lo mismo lo venera que reniega de él.
Por eso su concierto en la Bodega los Apóstoles, dentro del programa de este año del Festival de Jerez, debe ser enjuiciado más allá de sus problemas de afinación. El Cabrero tiene un carácter bronco, primitivo y una conciencia (falsa) de marginalidad que en ocasiones le lleva a renegar de sus admiradores, ironizando sobre aquellos que en la Bodega los Apóstoles lo calificaban de maestro. Él no es un maestro de cante y lo sabe. Su ética oscura, agresiva y aparentemente alternativa, está por encima de su estética. Cantó malagueña y verdiales y luego un soneto de Borges por bulería. Se cantó a sí mismo y a lo otro, a la piedra, al minero por tarantos, al niño que él mismo fue “que apedreaba a la maestra” por milongas. También seguiriyas y soleares, un cante ejecutado a su forma personal pero que fue lo que mejor le salió la otra noche. Cantó incluso por zambra caracolera y por supuesto no faltó el fandango, el estilo estrella de su repertorio, atrabiliario y disconforme con casi todo. Siempre sensible a las cuestiones de actualidad, El Cabrero cantó la otra noche por fandangos a los curas que salen del armario. El escudero de este concierto fue Manuel de Palma que tocó a una velocidad de vértigo dejando agotado a parte del público. El Cabrero cantó por serranas “qué es un cante que creo que existe” en otro de los momentos de más intensidad de la noche.
El Cabrero, un artista disconforme, rabioso, automarginal, desasosegado e infeliz, según el mismo se describió en sus propios cantes. Porque ese es otro de los temas característicos de su música, su propia persona. Un artista que se ha construido un personaje al margen de modas y de tiempos, de sus aptitudes musicales y de la terca realidad, a la cual ha impuesto su personalidad. Porque era necesario, porque es un personaje curioso, irreal, sin concesiones a propios ni a extraños y raro, y eso gusta siempre en arte. Ese alguien que no tiene otro remedio que ser él mismo y se jacta de ello. Ese símbolo para que cada uno de nosotros se identifique y/o justifique en su propia disconformidad, en sus propias rarezas.
El arte del Cabrero no es fácil porque este cantaor no tiene una voz agradable y porque no son pocos los problemas técnicos que siempre presentan sus conciertos. Porque el hombre no busca la perfección que sabe que no le ha sido concedida sino el mensaje. Es un hombre que grita un mensaje, sus mensajes, lo que le ha dado la soledad y una marginalidad elegida y que es su verdadera seña de identidad artística. El cantar bien quedará para otros porque lo suyo es gritar su verdad al viento de la noche. |
Juan Vergillos
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| 03-01-2006 |
| Yuxtaposición de tradiciones culturales |
| PEDRO CALLEJAS |
| En el centro, Segundo Falcón flanqueado, a su izquierda, por Paco Jarana y Salvador Gutiérrez; a su derecha, el ‘Bobote’, ‘El Eléctrico’ y Antonio Coronel. Detrás de ellos, en una posición más elevada, de izquierda a derecha, la Banda de Pelo Madueño, la Orquesta Maharaja de Rajastán y, finalmente, la Chekkara de Tetuán. Esa es la fotografía de un escenario conjugado a través de la yuxtaposición que puede servir de símbolo de lo que supuso este Diálogo primero, que pretendió unir, bajo la batuta del flamenco, distintas y diversas tradiciones musicales que, ciertamente, quedaron inconexas. |
| 12-12-2005 |
| Evocar a Lorca |
| PEDRO CALLEJAS |
| Diálogo del Amargo. Dirección escénica y coreográfica: Mario Maya. Con Juan Andrés Maya, Conchi Maya y Diego Llori –artista invitado–. Cuerpo de baile: Raimundo Benítez, Álvaro Méndez, David Fortes, Francisco J. Vilchez, Eva Esquivel, Patricia Guerrero, Silvia Lozano, Anabel Moreno. Cantaores: Rafaela Gómez –madre–, Alfredo Tejada –padrino–, Juan Ángel Tirado, Mª José Pérez y Gema Caballero. Guitarristas: Miguel Ochando, Emilio Maya y Rafael Santiago ‘Habichuela’. Percusionista: Benjamín Santiago ‘El Moreno’. 29 de noviembre de 2005. Teatro Central de Sevilla. Aforo: 3/4 |
| 29-11-2005 |
| Aires renovados |
| PEDRO CALLEJAS |
| El Eterno Retorno. Con Rocío Molina. Artistas invitados Manolo Monteagudo y Teresa Nieto. Con la colaboración especial de Pasión Vega. Juan Requena y Jesús Torres, guitarras; Juan José Amador y Antonio Campos, cante; Sergio Martínez, percusión; Luis Cantarote y Carlos Grilo, palmas. Aforo: lleno absoluto. Teatro Central de Sevilla. Ciclo Flamenco viene del sur. 22 de noviembre de 2005. |
| 31-10-2005 |
| Eva dignifica el flamenco |
| PEDRO CALLEJAS |
| Yerbabuena. Baile: Eva Yerbabuena, Luis Miguel González, Eduardo Guerrero, Mercedes de Córdoba. Cante: Pepe de Pura, Enrique Soto, Rafael de Utrera, Jeromo Segura. Guitarras: Paco Jarana, Manuel de la Luz. Percusión: Antonio Coronel. Jueves Flamencos de El Monte. 6 de Octubre de 2005. Aforo: Lleno absoluto. |
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